Para l935 pudimos dejar la casa de la calle Porongos que nos brindó refugio en los primeros meses.
Había transcurrido apenas un año mi padre dejó de trabajar con Ángel Sala y comenzó a trabajar por su cuenta En aquel altillo pasé muchas horas ayudándolo, limpiando piezas que ya quería imaginar sus funciones. En las más fáciles de desmontar, Underwood y Continental mi padre desconectaba la cinta de tracción y removía el carro totalmente ensamblado, pocas marcas ofrecían esa facilidad. Con sus indicaciones continuaba el desarme entreteniéndome con piezas que había lavado y secado. Estas son de Underwood, estas de Remington, poco a poco comencé instalando las primeras piezas. Dócil, obediente o una insospechable atracción a lo mecánico, ¿afloraba una vocación?
Donde el estuario del Rio de la Plata se confunde con el Océano Atlántico, tuvo lugar la primera gran batalla naval de la segunda guerra mundial, la Batalla de Punta del Este. El poderoso acorazado Alemán Graf Spee. el poder de su armamento fue descomunal para la época, venía hundiendo cargueros en el Atlántico Sur e Índico antes que Hitler hiciera declaración de guerra alguna. Entra en batalla con tres cruceros menores ingleses. Ajax Achiles y Exeter la lucha es encarnizada y desigual la movilidad de los ingleses hace difícil el blanco de la nave Alemana el temerario Exeter hace buenos impactos pero es desmantelado y puesto fuera de combate con gran pérdida de su tripulación. El acorazado Alemán sufre serios daños y entra en aguas territoriales y a media noche teniendo una precisa cartografía fondea dentro de la misma bahía de Montevideo. Uruguay permanecía neutral en el más que reciente conflicto
Cierto día llamaron para reparar una máquina en una de las oficinas de la Dirección de Comunicaciones.
Mi padre me tenía confianza, me dio los datos, tomé las herramientas y me llegué hasta la oficina "¿tu vienes a reparar esta máquina?" me expectó el empleado secamente, tomó el teléfono y le dijo a mi padre que no permitía que un adolescente le pusiera las manos en su máquina de escribir. Además de ser costosas, el conflicto mundial hacía más que difícil la reposición o tan sólo las reparaciones. El empleado no quería arriesgar su valiosa herramienta a un joven adolescente. Mi padre le argumentó que él se hacía responsable de lo que ocurriera, pero que estuviera tranquilo que yo le repararía su máquina. A todo esto yo esperaba ansioso el final de la conversación "bueno" me dijo de mala gana. "haber que puedes hacer”. Solucioné el problema sin demora, puso papel escribió algo y moviendo la cabeza y cavilando dijo: "está bien" no tuvo más remedio que tomar nuevamente el teléfono y comunicarle a mi padre el resultado. Me palmoteó la espalda, me felicitó y me pidió disculpas por no haberme depositado confianza. mes a mes me fortalecía más Mi padre había arriesgado el contrato con la Dirección de Comunicaciones. Jugándose una carta por mí, el reticente empleado propagó mi acción por todo el ámbito de las oficinas yo cada día estaba más dispuesto a seguir en aquella actividad que llegaba a fascinarme de manera singular……...
(en Buenos Aires) A los dos meses me despiden en la forma más despiadada, más inhumana. Sabían bien que había traído mi esposa e hija desde Uruguay, sólo tenía veintitrés años. No tuvieron el menor asomo de compasión., darme siquiera unos días de aviso, no tuvieron en cuenta nada. En fin, tomé el sueldo del mes pensando que rumbo tomar adónde ir, caminando, cavilando y porqué que no, lagrimeando tratando de asimilar el tremendo golpe. Afines de 1950 tuve la oportunidad de trabajar con las calculadoras Friden STW. La hija de Mollón –donde yo trabajaba- me llevó a la oficina donde habían llegado recién importadas y tenían que darles servicio con Miluca me puse a trabajar con fe. Finalmente coloqué el carro, conecté la corriente, dos o tres giros y trancada. Abrimos otra y tuvimos más suerte, funcionó. Al día siguiente depositaban seis u ocho cajas y empezarían mis dolores de cabeza y noches de insomnio. Nadie me empujó a eso, me atraía sobre manera este nuevo reto. Que podría ser de mucho provecho económico o falla total. La Compañía LaCamona importaba y distribuía Friden y dio un excelente servicio por varias décadas, entonces no me daba cuenta del juego, los arreglos a nivel gubernamental. Caí en porqué había un nuevo importador de Royal, la empresa donde tuve oportunidad de trabajar unos días, empresas importadoras de correcta trayectoria se veían acosadas por multitud de dificultades, exigencias y contribuciones ilegales, puro soborno. El esfuerzo movido por la pasión de aprender esa maravillosa máquina fue por cierto brutal, varias noches la buena esposa de Mollón se llegó hasta mi mesa de trabajo y cariñosamente me aconsejaba dejar para el próximo día. Bien cerca de la media noche y yo enfrascado en entender el multiplicador o el traslado del carro y las transferencias decimales, la cabeza me hervía Era tal el cansancio mental que en una oportunidad me desperté con el tren estacionado en la playa de estacionamiento ferroviario, germinaba un malestar social. Que se quería encubrir con propagandas del bien estar económico, obras sociales como la Fundación Evita. Creada para cubrir un sinnúmero de cometidos. Uno de ellos fue una residencia temporal para jóvenes cursando años liceales radicadas en el interior del país. Promovidas o elegidas a través de becas estudiantiles. Desde sus humildes y/o pobres localidades viajaban y eran “transplantadas” a la residencia palaciega ubicada en plena avenida de Mayo en Buenos Aires. Antiguamente sede de un hotel prestigioso de categoría, expropiado por la Fundación Evita, para “mejores fines sociales” El adoctrinamiento en las escuelas primarias era sencillamente atroz. Mi pequeña Cristina, atendía una especie de preescolar. Intolerable las imágenes de Perón y Evita alcanzaban límites increíbles. Se les inculcaba una idolatría sin par, se proyectaba una imagen de Evita bienhechora, protectora de los pobres metas nobles, erróneo y reprobable procedimiento Cualquier crítica a la gestión del gobierno era suprimida. La libertad de prensa, oral y escrita cada día más restringida.
Uruguay vivía el auge de la expansión económica. Existía un régimen de libre importación, como consecuencia de esa liberalidad surgió a un negociado ilegal de máquinas de oficina. Contrabando hacia los países limítrofes . Derivando esa situación en un decreto de ley para a controlar esas fugas ilícitas. El decreto exigía el verificar porqué y a quienes se vendían las máquinas, medida totalmente absurda un “Certificado de Necesidad” un funcionario le daba el visto bueno volvíamos a terminar la venta, siempre y cuando el cliente no se hubiera arrepentido. Absurdo trámite el propósito era impedir la evasión de miles de máquinas hacia Argentina o Brasil, La fuga de máquinas de oficina era el resultado lógico a una errada, política de importación
Cuando las batallas llegaron a Madrid en la Ciudad Universitaria se habían hecho trincheras sacando de los salones de clase todo lo que se podía sacar y que mejor que las máquinas de escribir. Apiladas al borde de las trincheras daban una extra protección al fuego del enemigo. Muy especial enemigo pues los domingos se decretaba tregua y se organizaban partidos de fútbol entre los dos bandos.
En tiempo de la ocupación Nazi en París camiones transportando carne atravesaban la ciudad Unos interceptaban el camión al mismo tiempo otros aguerridos sacaban por la parte trasera la carne que pudieran operación de unos pocos segundos arriesgando el fuego de los guardias