El caso del México petrolero.
Respecto al petróleo, la situación actual de México es terrible. De entrada,
ya no creo que estemos en posibilidades de salir a jugar, porque simplemente
ya casi se nos acabó el “parque”. A menos que efectivamente existan nuevos
yacimientos petroleros como se dice alrededor del proyecto Chicontepec y que
los costos de exploración y producción resulten rentables, tomando en cuenta
los precios internacionales, creo que a la vuelta de la esquina Cantarell se habrá
agotado. Por otro lado los beneficios del petróleo, finalmente fueron a parar a
manos del sindicato de PEMEX o a los bolsillos de tantos “técnicos viejos” de
dicha empresa quienes apoyados en la corrupción, hoy viven casi como los Jeques
árabes, sin importarles que se beneficiaron indebidamente de un patrimonio
nacional, respecto del cual siempre se nos dijo que era un recurso que pertenecía
solamente a la nación. Muchas veces me pregunto: ¿cuántas escuelas se hubieran
podido construir con todo el dinero que se gastó en las épocas de López Portillo
en la construcción de la Torre Ejecutiva de PEMEX y que alberga a más de un 50
por ciento de gente de sobra y que además, luego de jubilarse, goza a manera de
pensión del mismo sueldo que percibía hasta su último día de laborar ahí y que
según los incrementos salariales año con año se va incrementando? Se habla de
que PEMEX da trabajo a cerca de 200 mil trabajadores y que mientras, en forma
paralela, los grandes productores de petróleo como Saudi Arabia, con no más de
70 mil personas, produce varias veces más lo que PEMEX obtiene de un subsuelo
cada día más agotado.
En las épocas porfirianas, la mayoría del petróleo que extraían empresas
como La Tolteca y El Águila, salía crudo a sus refinerías en el extranjero. Con Don
Porfirio hasta que llegó Madero, no se exigía ningún impuesto por derecho de
explotación. Esto es que los que se beneficiaban simplemente lo enviaban fuera y
luego de convertir ese mismo crudo a, por ejemplo gasolinas, entonces bien que
teníamos que pagar grandes cantidades de dinero para tener acceso a su consumo.
Hoy México sale como exportador de cada día menos petróleo. Ahora sí cobra por
cada barril que vende. Pero igual que en las épocas porfirianas, nuestra capacidad
de refinación nos obliga a exportar crudo a precio internacional, a cambio de
pagarlo refinado a valores muy por encima del precio del primero. ¿Para qué
una nueva refinería cuando no sabemos todavía si Chicontepec es viable? Me
imagino que lo único que nos queda, en caso de que finalmente dicha refinería se
construya, espero que no, es maquilar refinación de crudos provenientes de otras
partes del mundo. O sea que la buena intención del Presidente Cárdenas dejó de
funcionar, a partir de que los civiles se hicieron del gobierno con la bandera de
la Revolución y las imágenes de tantos próceres que dicen eran requetebuenitos.
Tanto pedo para cagar aguado.
¡Cómo nos parecemos los países petroleros latinoamericanos! Vean el caso
Venezuela. A ese país por lo menos todavía le sobra mucho petróleo, pero más allá
de eso, ¿qué más tiene?, digamos como industria u otros valores. Es cierto, se me
olvidaba, todavía tiene algo: se llama Hugo Chávez. ¿Y Ecuador? Perdón, también
se me olvidaba, ahí cuentan con un Presidente trascendental que se llama Rafael
Correa, quien en compañía de Evo Morales y el mismo Chávez, saldrán a salvar al
resto de los países oprimidos de las manos de los salvajes Imperialistas. Ji, ji.
Afortunadamente en la figura Presidencial de nuestro país notamos más
objetividad, pero desafortunadamente con todo y todo, también aquí tenemos
Correas y Chavistas vistos a través del cristal de la política estúpida en donde
un Congreso al que le tiemblan las manos o que negocia por abajo del agua, a la
hora de votar una Reforma Petrolera que modernice nuestra industria, dándole
entrada al capital extranjero y con eso a modernas tecnologías, se queda chiquito,
chiquito, porque ¡uy qué mello! Le siguen teniendo pavor a figuras nefastas como
el mediocre y derrotado López Obrador, grillo de porquería.
Y van a ver la que nos viene para 2011 y 2012 incluyendo además la sucesión
Presidencial en México. Primero fue la rebelión en Tunez, de ahí siguieron los
egipcios y con ellos se sumaron los jordanos y los de Marruecos. En esta fecha
en que escribo, igual que como Mubarak, me parece que Muammar Al-Gaddafi
no las trae todas consigo y así hasta que el movimiento se extienda y alcance
Kuwait, Saudi Arabia y el resto. Yo si estuviera ahí hoy, le pediría a Dios ayuda.
En caso de negármela le diría: “muy bien Señor, pero mira, mejor hazte a un lado
porque aquí se va a armar ¡una madriza! que vas a ver…”. O sea, tengo o no tengo
razón: ¿Quién manda en el mundo? Simple y sencillamente: su majestad EL PETRÓLEO. ¿Nuestros Revolucionarios próceres? ¡Jo, jo, jo! ¿Y nosotros? Snif,
snif, snif… Mientras frente a icebergs solamente observamos lo que sobresale del
manto de la superficie del mar, no nos damos cuenta y por lo mismo no sabemos,
le que corre hacia abajo, hasta la base.
La Revolución Mexicana según la manejan los “historiadores” se ha mostrado
exactamente como eso: como la punta de un iceberg. No se ha dicho más que muy
poco de lo que verdaderamente había atrás de ese México que ¡vaya que trascendió!,
a veces para bien y en otras ocasiones para mal, muy mal. La Revolución Mexicana
fue un teatro que exhibía títeres manejados desde lo alto por marionetistas muy
hábiles que mientras divertían al público, hacían que la gente ni se enterara de lo
que verdaderamente sí sería trascendente para nuestra patria.
Durante la Revolución Mexicana, a Estados Unidos como a los ingleses, lo
que les importaba era aprovechar las circunstancias significadas en los pleitos
entre Villistas con Carrancistas, Zapatistas, la salida de Don Porfirio, la traición de
Huerta, la muerte de Madero, etc., para mientras tanto hacerse de nuestro petróleo
y finalmente casi convertirnos en una especie de protectorado. Se acercaba
además un acontecimiento del cual México fue uno de los factores decisivos para
los americanos, alemanes e ingleses principalmente: la Primera Guerra Mundial.
De manera que ¡al carajo con Don Villa y su pandilla!, y mejor cambiemos de
canal y observemos un programa que el sistema se ha encargado de ocultar y del
cual prefiero hablar.
Emiliano Zapata salió a pretender una Revolución con la bandera del
agrarismo. Villa por su parte, ladino como era, además de no compartir las
ideas zapatistas, buscaba más el camino de la política. Tenía ansias de poder y
reconocimiento. Estaba loco. Los gobiernos que transcurrieron a partir de la
salida de Don Porfirio fueron muchos y muy variados, pero todos pésimos. De
pronto aparecían Presidentes Constitucionales luego sustituidos por interinos
que a la luz de la realidad, mejor prefirieron el “ya no quiero queso, sino salir de
la ratonera”. Entre Madero y el Presidente Cárdenas, 12 fueron los Presidentes
que se sumaron. De entre ellos fueron asesinados Madero, Carranza y Obregón.
A Huerta lo desterraron, Don Porfirio abandonó su patria menospreciado. Todo
era traiciones, asesinatos y venganzas. Casi nos parecíamos a la Bolivia que por
décadas presentaba año con año Presidentes que un día estaban y al rato salían
corriendo.
México mientras tanto, entre politiquería, guerras y matanzas, estaba en la
ruina, no tenía dinero, pero además, lo más irónico es que salvo muy pocos, no
sabía que tenía una enorme riqueza petrolera, al punto que mucho territorio
invadido a flor de tierra por “chapopote”, no podía ser usado para actividades
agrícolas. México tampoco tenía una industria militar.