Introducción.
Una serie de vueltas rimbombantes en la Avenida Mártirso; a través
de mapas mentales y cosas así, verdad que sí. Las luces centrífugas,
las cercanas; las distantes, las artificiales, los juegos programados, los
anchos caminos; los estrechos, las mentiras. Si acaso algún día, piensa;
seremos capaces de robar el fuego y arder hasta el final de los tiempos.
Un consumismo pretencioso por el infortunio de lograr aceptar el
fracaso tan hermoso, tan carente de superficialidad que es la vida, en
una extensión tan basta de incongruentes megalomanías.
De alargados espejismos fastuosos y convenencieros. Por controlar la
flagelación de los deseos corruptos; como una excusa que se quiebra
ensimismándose. Puertas incontables, unas pintadas, otras que son
paredes, otras que son vacíos totales. Hay una absorción de ideas que
marchan en el acercamiento constante a descomprimir las represiones,
por hallar su propia muerte y finalidad en sus meras palabras, que se
expresan en simples acciones.
Los gritos atrofiados de afuera, que acompañan sus gritos internos, o
su silencio, cree, entonces hay cánticos falsos que expresan la ociosidad
de dicha compañía, en donde fácilmente pueden salir constituciones y
leyes, tan inmundas como poéticas, tan corrompibles como tramposas.
En un hecho de verdades luminosas como un fuego resultado de un
juguete de pólvora. Dicha forma en la que mirar rostros ajenos y ver
como se positiviza o se le da negación a los esquemas malogrados. En
una precisión espantosa que hace tragar saliva, respirar hondo que se
escucha por las narices el sonido del aire entrando, las risas de confianza,
las molestias de tales actos, escupir los gargajos, toser sin descanso y los
estornudos de espanto. Como si fuera una rima saludable, de ilegítima
consistencia. Aludiendo a los reinos, por mostrar un desencadenamiento
de ideas jocosas y con alto grado de rebelión política en que se pierde
dicho encuentro. Un murmullo que se acerca entre espadas, oros y bastos,
sin estudio profundo alguno nomás por un extenso y libertino reflejo
de la invisibilidad transparente, burdamente, de entusiasmo maloliente,
expedido por el correr hacia lo efervescente, encuentra frente a sus
manos, en el suelo bajo sus pies una pequeña figura, fuera de lugar y
del tiempo, parecía rota y sucia, sin limpiarla, la junta y da unos cuantos
pasos hacia delante solo para encontrarse con una golpiza que lo ha
de dejar inconsciente, apenas y pudo golpear a dos o a tres quizá a un
cuarto, pero era demasiado difícil, exagerado en cierta forma que al final
solo fue capaz de contar cuantos eran, nueve, pudo confirmar, antes de
que su sangre cegara sus ojos, antes de que la hinchazón lo dejara sin
vista clara. Cae al suelo, y lo siguen golpeando; a patadas y puñetazos,
siente que lo harán hasta que se desmaye y quien sabe si hasta que deje
de respirar, ya ni siquiera se cubre los golpes, le es incluso imposible
resistir tal dolor. Ni siquiera puede llorar. Le comienzan a decir cosas
que apenas puede reconocer, entonces poco a poco terminan por realizar
su trabajo, hasta que uno de ellos se acerca y les dice algo, seguro quien
le asestó el primer golpe, entonces se marchan. Antes de perder el
conocimiento siente como un par se aleja gritando de dolor y piden que
sea asesinado ahí mismo.
Desafortunadamente no reconoce las voces,
pero si de lo que estaban hablando.