PRESENTACION
“Quiero tener mi león y mi águila, a mi lado para conocer siempre, por indicios
y señales, la grandeza y la pequeñez de mi fuerza. ¿Es necesario que hoy baje la
mirada hacia ellos con temor? ¿Llegará el día en que ellos levanten hacia mí, sus
ojos con miedo?
CCCXIV, La Gaya Ciencia, Friedrich Nietzsche
“Piruetas”, es la más clara y fehaciente expresión de una vida espectacular, altruista,
irónica y hasta espiritual, a veces complicada desde el punto de vista existencial, por
la complejidad de su sencillez, llevada a límites de sumario anecdótico de una historia
inconclusa sobre nuestro país.
Si esta obra es un vivo espejo de lo que hemos sido y de lo que somos como
salvadoreños, no es sólo la obra y vida del autor – en tanto dato autobiográfico -, sino
que es la obra y vida de Juan, de Pedro, de Rosa y de María, quienes son en esencia,
pueblo y sociedad, pueblo y cultura, pueblo y vivencia, como Mario lo es y lo ha sido y
como él lo describe y lo comparte sin lenguajes rebuscados y sin reflexiones custodiadas
por miedos y condicionantes externas, en esta obra que hoy nos presenta para el deleite
de sus andanzas, llenas de muchas piruetas.
Por eso al leer estas piruetas, ustedes van a encontrar esa vivencia, tal como la
expone, tal como lo vivió y al hacerlo lo sentencia con mucha solvencia, porque nadie
se lo contó, sino sencillamente porque lo vivió. Y esa es la cualidad más grande de
arrojo y de libertad en un ser humano.
Mario Cabrera, el Juan Diego, El Brigido Calles del Rio y el Justo Ríos del Pinar,
tres pseudónimos asumidos por andar de revolucionario, pulsa, dicta y anota con
coraje y sin resentimiento alguno, sobre cada uno de sus propios sentimientos y sus
más loables anhelos de su vida.
Asimismo describe sobre los azarosos caminos preñados de reír y llorar, de caer,
levantarse y renacer en medio del fragor, no de batallas épicas, de esas con que algunos
hacen mucho ruido utilitarista cuando escriben algo, sino de batallas de su existencia
contra sus propias circunstancias, las cuales ha librado dentro del sentido más humano,
pues son aquellas que solo podían haberle ocurrido a él y a nadie más que a él.
Por tanto, cuando de Mario Cabrera se trata y muy particularmente de su obra
“Las Piruetas”, no es necesario apelar a esa falsa tradición de vanagloriar a la persona y
de poner su obra en escaparates rimbombantes que nada tienen que ver con la esencia
de la vida, pues sólo suelen ser servilismos propios de una cultura de adulación que no
trasciende a nada. Por ello nos referimos al Mario tal como es y ha sido.
Más allá de consideraciones y juicios literarios, de las que hacen los llamados
“especialistas”, que son lo que en última instancia, aprueban o vetan para siempre una
obra, “Las Piruetas”, escritas tal como están, sin quitar una coma y sin hacer remiendos
sofisticados que solamente arruinarían lo verosímil del esfuerzo escrito, no puedo
ocultar mi interés por destacar ciertos hallazgos que hay en esas páginas, que a mi
juicio son relevantes y que los valoro a partir de mi conocimiento personal de Mario y
de algunas de las circunstancias, que se vivieron e incluso que vivimos juntos.
En primer lugar, destaco esa fuerte dosis de humanismo que hay en la obra y
que reafirma ese compromiso social del autor, quien siempre ha cultivado retos y
desafíos pensando en los demás, sin pensar en él, lo cual le permitió estar en muchas
situaciones en las que puso a prueba esa su peculiar sensibilidad humana, la cual le
procuró admiración y respeto, pero asimismo, desconfianzas y criticas de aquellos que
no toleraban su crítica o su forma de actuar ante las cosas.
En segundo lugar, no digo que sea un santo varón sin pecado cometido, pues
como humano, todo mundo tiene sus más y sus menos por la vida, pero cada pirueta
narrada en este libro, es parte de esa gran pirueta que en sí mismo es el autor y sus
peldaños de existencia.
En tercer lugar, se destaca una fuerte contradicción entre la forma de cómo asume
el autor cada hecho y el orden o prioridad que le asigna, contradicción sobre todo
benévola para alguien que sigue viendo el mundo con ojos nuevos y sin preocupaciones
semánticas o con ansias de poder por aparecer como “muy lógico” o “muy racional”
con sus decisiones tomadas. Así, sus anécdotas, llamadas Piruetas de forma genial,
ratifican lo anterior, pues en la vida diaria así es, ha sido y así seguirá siendo Mario
Cabrera o el Juan Diego o El Brigido Calles del Rio o el Justo Ríos del Pinar.
En cuarto lugar, el autor, igual sitúa una circunstancia en que involucra a Fidel
Castro, al Che Guevara y otras personalidades de la farándula revolucionaria y política,
luego sin meditar mucho, describe las lágrimas que derramó por la pérdida de su
chucha y sin reparar en ello, a continuación, se ubica haciendo remembranzas sobre
Carlos Andrés Pérez y así, su nostalgia lo lleva a esos episodios donde se le planteaba
reflexionar sobre si valía la pena o no “renunciar o no al marxismo” y así, de pirueta
en pirueta, expone esa forma de asumir la vida como debía llegar. Lo serio se vuelve
paradoja; lo formal un discurrir sin formato de la vida preestablecido: total, la vida una
elegante y agobiante pirueta, dependiendo como se vea y cómo se asuma.
En quinto lugar, es más que evidente una simbiosis de cualidades humanas y
de su forma de ser paradójica ante la vida, lo cual está totalmente retratado en cada
línea escrita de su libro, podemos enterarnos de primera mano de Mario el niño, el
joven, el nadador, que represento El Salvador en competencias internacionales, el
guardavidas de la Cruz Roja que salvo muchas vidas en el mar, los lagos y piscinas del
país, el sindicalista, el obrerista, el político, el revolucionario, el organizador de masas;
el hombre que conoció el mundo exterior, el dirigente sindical popular, el forjador de
ideas y ahora, el inmigrante y escritor, tal como le gusta situarse en este su presente,
colmado de nuevos desafíos en la vida.
En resumen, cada palabra, cada renglón y cada página escrita en “Las Piruetas”,
representa al Mario Cabrera colmado de sensibilidad, quien seguramente estará
custodiando otras piruetas que, por razones de espacio, no pudo encajarlas en su libro.
Ya vendrá seguramente una segunda parte de esas piruetas y de nuevo, el Justo de Justos,
injustamente vapuleado por la vida en algunas circunstancias, quien sabrá marcar pauta
sobre cómo ser llevaderos con la vida.
Julio César Alfaro
Julio del 2011