Una Tarde Tranquila
Luego de despedir a Jorge, María pasa todo el día por fuera, va a varios centros
comerciales, compra para almorzar un sándwich de atún y jugo, pasea por el parque,
lee, duerme un poco sobre el césped ya que está cansada por la regular noche que
pasó. Emprende el regreso por una de las rutas más largas, la del río, le ayuda a
pensar, hasta que llega a casa entrada la noche.
¡Hola mamá ya regresé!
Lucía escucha la voz ligera, cálida, amable de su hermana…
No, mamá no ha llegado.
Lo olvidé ¿Cómo estás?
Lucía, está recostada en el sofá de la sala principal, un área social confortable y de
buen tamaño.
Bien ¿Cómo te fue?
Ejercicio todo el día ¿Y a ti en el consultorio?
Nada nuevo no llevo un año y a veces me desespero, cada loco que llega
con su tema, trata de enredarme más y más y no tengo soluciones. Me
provoca recetarles tranquilizantes y a dormir. Qué mundo tan complejo
el que vivimos, nadie sabe que tiene, lo padecen todo y los que estamos
obligados a identificar cada cosa, no tenemos ni idea, solo cuentos y
cuentos para distraer y justificarnos, eso me frustra, afortunadamente me
encanta mi trabajo y mi profesión, o si no, imagínate…
Ten calma estás comenzando, el camino se irá despejando, la psicología en
el mundo actual es de mucho cuidado, hay que ser valiente para enfrentarse
a la compleja intimidad de la humanidad.
¡Uf! Hoy estás muy profunda, deberías estudiar lo mismo que yo.
¡Ni se te ocurra! Si no puedo conmigo misma ¿Cómo crees que puedo
ayudar a otros?
Contesta tranquilamente María. En su interior se mueve algo distinto, ella lo sabe
con claridad, es su secreto, un secreto consigo misma, sueños incomprensibles y
nada claros.
Son casi las siete y media de la noche, un ligero frío nocturno y refrescante,
comienza a invadir todos los espacios de la casa.
¿Comemos algo?
Ok, vamos a la cocina.
María se sienta a la mesa del comedor interior con su hermana, toman refresco
y algo de queso, no tienen mucho apetito. En silencio comparten los minutos de
descanso sin hablar, se quieren, el solo hecho de estar ahí las hace sentir muy bien,
no están solas, comparten un solo corazón, un corazón de dos hermanas que se aman
profundamente, inspiradas en lo que sus padres siempre les profesaron, inculcaron
y enseñaron, el amor y la verdad. Sin mirarse a los ojos, disfrutan sus sentimientos,
no los hablan, los sienten, los viven. Una suave brisa entra por la ventana que de la
cocina va al comedor y sienten un ligero escalofrío, se toman de la mano suavemente
sobre la mesa, y calladas reciben algo sutil y suave, que les hace temblar un poco, se
levantan y en silencio se abrazan fuertemente por un segundo para luego separarse.
Despertemos ¡Ya! Me voy a duchar, y a descansar…
Grita María.
Sí, está bien, yo voy a ver que dicen las noticias de la noche… ¡María!
Dime querida hermana.
Te amo, no lo olvides nunca.
Yo también con todo mi corazón, por eso no voy a estudiar psicología, para
no decepcionarte, estaría fuera de mi, estaría loca !Ja, Ja!
Vete a bañar. Papá, Mamá y Andrés llamaron, no vienen a cenar, tienen
mucho trabajo, llegarán tarde.
María lentamente entra en su cuarto cerrando la puerta tras de sí, luego de salir del baño
se pone la pijama y se sienta en el borde en su cama, toma un aliento y se deja caer de
espaldas, entrecierra los ojos y se dedica a pensar, mientras ve algo de televisión.
¿Qué voy a hacer? La verdad no sé. Quiero estudiar algo que sirva
realmente a otros, que ayude, que genere un beneficio real en las vidas
¿La gente necesita mi ayuda? ¿Necesito yo ayuda? Si no aclaro esto, mejor
voy a trabajar un tiempo.
Con todo esto en la cabeza se queda profundamente dormida.