LAZOS INVISIBLES es una narración con un desenlace imprevisto ocurrido durante la toma del Palacio de Justicia en Bogotá - Colombia en 1985. Pretende incrementar conciencia individual del lector para ayudar a crear un verdadero respeto hacia lo femenino, valiéndose de una pareja singular.
“Todos estamos obligados a ayudar para que se siga abriendo paso una mujer nueva que, a pesar de las presiones encontradas, sepa dignificarse y motivar a su compañero; él, de este modo, compartirá con ella la responsabilidad de crear un entorno equilibrado para su desarrollo personal y el de los hijos.
¡No más madres a la antigua: mujeres impedidas y frustradas! ¡Que se dé paso a esas mujeres nuevas que, aun con el desorden inicial que genera el disfrute de libertades por largo tiempo reprimidas, traen el espíritu renovador de una sociedad más equilibrada y justa, donde la otra mitad del género humano podrá participar en la construcción de una mejor comunidad!
¡Felices aquellos hijos que han gozado de las caricias y del cuidado de una madre dedicada! Pero mucho más dichosos los que pueden lograr la divina suerte de contar también con la ternura de los padres junto con una madre consciente de sus responsabilidades como ser humano.
¡Ay de nuestras sociedades si dejaran de engendrar a esas mujeres que, sin perder su feminidad y sentido maternal, y a pesar de las presiones provenientes de un machismo que pretende mantenerlas subyugadas, son capaces de ejercer sus derechos a crear un mundo mejor, hombro a hombro con los hombres, sin someterse a sus caprichos de creerse seres superiores!”
La historia comienza cuando Guillermo Reinoso va a una agencia de autos a comprar un carro. Allí se encuentra con Camila Ferreiro, una vendedora de veinte años mucho más joven que él, chica soltera y huérfana de padre, quien estudiaba periodismo y vivía sola con su madre, a quien cuidaba y mantenía. Camila estaba embarazada y se encontraba angustiada por la situación que vivía, algo que la obsesionaba porque sabía que estaba sin pareja y no deseaba tener el bebé en un momento en que arruinaría su vida al no poderle brindar estabilidad a un hijo indeseado. Guillermo le recomendó visitar a un doctor conocido suyo, quien unos días después le indujo el aborto. Camila lo volvió a ver por casualidad ocho años después, durante el entierro de su segundo marido, quien murió en un incidente trágico, junto la esposa de un amigo.
“—Aunque la situación no sea la apropiada, sepa que me encanta poder volver a verla. Lamento lo del accidente que ha terminado con la muerte de su marido, quien ha resultado ser el hermano de mi esposa.
—¿Hermano de su esposa? ¡Increíble! El mundo a veces parece del tamaño de un pañuelo —le dije con voz temblorosa y luego exclamé—: ¡Pero qué agradable sorpresa es para mí volver a verlo después de tanto tiempo!
Seguimos intercambiando tan solo unas cuantas frases, dada la situación embarazosa que nos rodeaba. Para terminar me dijo:
—Como hoy no veo la oportunidad propicia, quisiera que aceptara una invitación para poder vernos próximamente.
—¡Me encantaría! —le contesté…
Al llegar el día y la hora de la cita, después de los primeros minutos en los que estuve un poco nerviosa mientras intercambiábamos algunas impresiones sobre nuestros mundos individuales y disfrutábamos de una agradable cena, se presentó una conversación entre nosotros que he reconstruido como sigue:
—Me encantaría poder seguir viéndola, pero me temo que los convencionalismos sociales no nos lo habrán de permitir. Como ya le dije, yo soy un hombre casado y usted, una mujer joven, con reciente viudez, enamorada, según me ha dicho, y con intenciones de formalizar nuevas nupcias una vez que pase la tormenta desatada por la muerte simultánea de su esposo y la mujer de su novio.
—¡Lo sé! —Le dije mostrando gran emoción—. Sin embargo, estoy segura de que para mí será muy enriquecedor poder contar con la amistad de una persona como usted, a quien aprecio y quien desde hace varios años acompaña de manera especial mis recuerdos. Además pienso que esta relación podría llegar a ser una emocionante aventura que desde ya me brinda un gran placer.
— Antes de que se entusiasme demasiado, quiero ofrecerle mi visión sobre los inconvenientes que se les presentan a las personas con parejas formalmente establecidas para poder emprender aventuras amistosas como la que estamos en camino de organizar.”
A partir de ese reencuentro, y gracias a que desde el día en que se conocieron en la agencia de autos había quedado en ellos una grata impresión en sus mundos inconscientes, se inicia una relación de amistad clandestina entre Guillermo y Camila, quienes llegaron a ser grandes amigos de verdad que compartieron muchas experiencias e historias de sus vidas personales, las que los llevaron a disfrutar de un gran aprecio mutuo que se extendió más allá de la ausencia, cuando Guillermo debió irse de Bogotá y esconderse debido a una persecución que se inició tras él por causa de sus ideas revolucionarias.
“—No te preocupes ––me dijo––. He decidido irme al exterior por algún tiempo. La situación de inseguridad que vivo y la creciente inestabilidad emocional que me brinda mi unión con Claudia me hacen ver esta salida como el camino adecuado que me señala el destino. Cuando vuelva, seguiré viniendo aquí todos los jueves.
Me dio un poco de tristeza, pero la superé muy pronto, pues yo sabía perfectamente que nuestro arreglo establecía la completa voluntariedad de las partes de acudir o no a las citas; además, esta vez su ausencia se debía a una causa que estaba completamente ajena a su control.
¡Quién iba a imaginar que no volvería a verlo nunca más! Y que justamente allí me enteraría de su muerte por boca de su hijo, a quien aún no conocía.”
Años después Camila conoce a Mauricio Reinoso, de quien recibe unos escritos que su padre le había encomendado entregarle cuando la viera. En ellos hay una carta que termina así:
“Para mi felicidad, pude aprender de ti y ser más consciente de esa parte femenina que hay en mí, que suaviza mi carácter e incrementa la sensibilidad de mi alma hacia las cosas bellas de la vida, ofreciéndome la posibilidad de vivir mejor, aunque tan solo sea por unos pocos días más.
¡Gracias, mi amor!”
El título, el prólogo, la historia y el epílogo del libro son invitaciones a querer y respetar lo femenino que todos llevamos por dentro, y a despertar la conciencia individual para volvernos verdaderos amigos de verdad de nosotros mismos y de los demás, descubriendo los lazos invisibles que nos unen a todos; algo que Guillermo Reinoso no pudo realizar plenamente, quizás debido al desequilibrio emocional que le generaba la relación que mantenía con su segunda esposa, de quien nunca se separó, ¡vaya uno a saber por qué temores inconscientes!, a pesar de los inmensos sufrimientos que junto a ella vivía.